Amor secreto

hombre-leyendo

Jamás tuvo valor para decirle cuánto la amaba. Él, un vulgar dependiente de la gran librería; ella, una clienta distinguida. Meses estuvo adorando en secreto su belleza, llena de enigmas y promesas.

-Puedo conseguirle esa novela de amor que anda buscando- le dijo una tarde, arrepintiéndose al instante de su osadía. Las largas pestañas revolotearon por encima del libro que estaba hojeando, etéreas y coquetas, como mariposas negras.

-No busco una novela…- le contestó, dándole el ejemplar, mientras lo atravesaba con la miel líquida de su mirada.  Él lo abrió, ruborizado, y vio escrita para él, una nota al margen. Una dirección, un teléfono.

Tiempo después, cuando se sintió capaz, se arrodilló delante de ella para pronunciar por fin las palabras que nunca pudo.

-Ya sé que es tarde. Pero necesito decírtelo. Aunque no me creas, te amo, siempre te he amado…

Y levantándose, retiró las hojas secas que cubrían la losa fría de la tumba.

Manzanas envenenadas

Disfrazado de vendedora de manzanas, como la bruja del cuento,  el director se sentó aquel día enfrente del anciano, para ofrecerle jugosas y rentables promesas. Llegaron a un acuerdo, y firmó. Todo eran ventajas y Aurelio se marchó, seguro de haber acertado.

-“Cógelas tranquilo, ¿no te fías de mí?” me dijo el muy sinvergüenza…Cómo no iba a fiarme, si lo conozco hace años ¡Menudo regalo envenenado nos hizo! -explotó, ya en la calle, en plena manifestación, cuando el periodista le acercó el micrófono- ¡Dígame cómo le explico a mi mujer enferma que nos han dejado sin ahorros, que ya no puedo pagar su residencia!